¿Qué es más peligroso? ¿La libertad o la tiranía?

¿Qué es más peligroso? ¿La libertad o la tiranía?  ¿La palabra o las armas? ¿El amor o el odio? ¿La pobreza o la riqueza? ¿Un niño o un intelectual? ¿Un amigo o un enemigo? ¿La conciencia o la ley?

La libertad es más peligrosa que la tiranía, por que el hombre ha sido creado para la libertad y por eso de las cenizas de toda esclavitud pueden brotar algunas chispas que provoquen un incendio contra la tiranía.

La tiranía, para vencer, tiene que sofocar definitivamente el último resto de libertad en los hombres; pero esto es como querer apagar el sol.

La tiranía, aunque atenace a la gente, está ya vencida de antemano, por que no pertenece al hombre que la sufre o se aprovecha de ella, pero sin amarla.

El hombre ama la libertad.

Es más peligroso un pobre libre que mil esclavos poderosos.

La palabra es más peligrosa que las armas, por que las armas sólo pueden matar el cuerpo, mientras que las palabras pueden cambiar una vida.

Las armar puede «vencer», pero las palabras pueden «convencer».

Las armas pueden hacer morir, pero las palabras hacer resucitar.

El amor es más peligroso que el odio, porque el odio es como el plástico: frío e incapaz de crear una chispa de vida.

Pero el amor es vida y puede convertirse en fuego.

El puede hacer daño; el amor obliga a hacer bien.

Del odio se puede prescindir; del amor, no.

La pobreza es más peligrosa que la riqueza, por que la riqueza tiene siempre un límite, más allá del cual está la náusea o la neurosis.

Pero la pobreza es sed infinita de apertura al misterio.

La riqueza adormece.

La pobreza aviva. No teniendo nada que perder, empuja a la aventura, la búsqueda, el riesgo, el crimen o la santidad.

La riqueza aísla y permite ser individualista.

La pobreza obliga a la comunión, impulsa a encontrar a los demás y el encuentro es la cosa más peligrosa, porque es la mas creativa y comprometedora.

Un niño es más peligroso que un intelectual.

Porque de un intelectual es posible desembarazarse, puede uno compartir o no compartir sus ideas, se le puede combatir.

De un niño es imposible librarse. Siempre está allí, recordándonos que una vida vale más que una idea, que solamente es uno grande cuando está indefenso, que solamente es uno amado cuando no inspira ningún miedo.

Un amigo es más peligroso que un enemigo.

Porque de un enemigo nos podemos defender; podemos cerrarle la puerta.

De un amigo no nos podemos defender; para un amigo no existen llaves en nuestra vida.

Al enemigo puede incluso amarlo, pero del amigo tiene que dejarte amar, lo cual es más difícil y arriesgado.

Al enemigo puede incluso darle lo que tienes, pero al amigo haz de darle hasta lo que no tienes.

Si el enemigo te olvida te da lo mismo.

Si el amigo te traiciona, no puedes dormir.

La conciencia es más peligrosa que la ley.

Porque a la ley se la puede domesticar, pero a la conciencia, no.

La ley puede cambiar; la conciencia es eterna.

A la ley se la puede atacar, discutir; la conciencia es más cierta y más segura que tú misma.

Estamos acostumbrados a medir el peligro de una cosa por el mal que nos puede hacer, pero en realidad no es así. El hombre tiene más miedo del bien que del mal. Por eso es más peligroso el bien. Al mal se le puede rechazar y quedar en paz. Si se rechaza al bien se firma uno así mismo la condena al remordimiento.

Pero al hecho de que el hombre no pueda defenderse del bien como del mal es la mejor señal de que para él lo connatural es el bien y no el mal.

Rogelio Cruz.

Padre

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